GAZA | Tras un mes de alto el fuego, los periodistas siguen trabajando en condiciones horribles y sufren los estragos del trauma

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A pesar del frágil acuerdo del alto el fuego, la catástrofe humanitaria continúa en Gaza obstaculizando a diario el trabajo de los periodistas. Reporteros Sin Fronteras (RSF) expresa su apoyo a estos profesionales de los medios y pide a Israel que levante urgentemente el bloqueo del enclave palestino.

El Ejército israelí ha asesinado a cerca de 180 compañeros de profesión, y destruido sus redacciones y hogares. Los periodistas que quedan en el territorio, y que han sobrevivido a 15 meses de intensos bombardeos, siguen enfrentándose a numerosos desafíos a pesar del cese de hostilidades entre Israel y Hamás, que entró en vigor el 19 de enero de 2025. La ayuda humanitaria, gestionada por las autoridades israelíes, apenas entra en el territorio gazatí, e Israel, sigue prohibiendo el acceso a los periodistas extranjeros, negando así la cobertura de las consecuencias de la guerra y la catástrofe humanitaria en curso. Asimismo, a los periodistas palestinos exiliados también se les impide regresar a la Franja.

«Pedimos urgentemente que se levante este bloqueo que sigue asfixiando al periodismo gazatí. Los reporteros requieren equipos de trabajo y de seguridad, Internet y electricidad. Los periodistas extranjeros necesitan acceder al territorio, y los palestinos exiliados poder regresar a sus hogares. Aunque el alto el fuego haya simbolizado el fin a esta masacre de periodistas sin precedentes, la infraestructura de los medios sigue devastada. RSF reitera la necesidad de justicia y apoyo a estos periodistas, en defensa de una prensa libre, plural e independiente en Palestina».

Anne Bocandé | Directora Editorial de RSF

Los reporteros enfrentan el impacto devastador de una catástrofe humanitaria

  • Trabajando entre ruinas y escombros

“La magnitud de la destrucción es inmensa, aterradora”, explica Islam al-Zaanoun, de Palestine TV. “La vida parece haber desaparecido. Las calles se han convertido en vertederos al aire libre. Sin lugar donde trabajar, sin Internet ni electricidad, me vi obligado a dejar de trabajar durante varios días”. Los periodistas también deben hacer frente a una grave escasez de combustible, que dificulta los desplazamientos dentro del territorio. Como el resto de la población en Gaza, los reporteros pasan a diario largas horas en colas para conseguir bienes básicos como agua y alimentos.

  • Perdura el fuego israelí a pesar del alto el fuego

“Hay zonas completamente inaccesibles”, comenta a RSF el corresponsal de Al Jazeera Hani al-Shaer. “La situación sigue siendo peligrosa. Estuvimos bajo fuego israelí en Rafah”. El periodista explica que, debido a una serie incesante de crisis, se ve obligado a elegir qué historias cubre. “¿Las infraestructuras destruidas? ¿La crisis humanitaria? ¿Los huérfanos abandonados?”, se pregunta.

  • Testigos y objetivos: el doble trauma de los reporteros

Al menos 180 profesionales de los medios han sido asesinados por el Ejército israelí en el transcurso de 15 meses de guerra, de los cuales 42 murieron durante el ejercicio de su labor, según cifras de RSF. Los periodistas supervivientes deben enfrentarse al trauma y el dolor mientras siguen con su misión informativa. “Cubrimos esta tragedia, pero también formamos parte de ella. A menudo, también éramos el objetivo”, subraya Islam al-Zaanoun. “Todavía no podemos descansar ni dormir. Todavía nos aterroriza que la guerra vuelva a reanudarse”, añade Hani al-Shaer.

  • La vida en suspenso de los periodistas exiliados

De Egipto a Catar, los reporteros que consiguieron escapar del horror no pueden regresar a sus hogares con su familia: “Mi mayor esperanza es volver a casa y ver de nuevo a mis seres queridos, pero la frontera está cerrada y mi casa está destruida, como las de la mayoría de los periodistas”, lamenta Ola al-Zaanoun, corresponsal de RSF en Gaza, ahora ubicada en Egipto.

Diaa al-Kahlout, jefe de la oficina en Gaza de The New Arab, es uno de tantos que vieron  cómo las fuerzas israelíes destruían su casa. “Cuando me detuvieron, bombardearon e incendiaron mi casa y mi coche. He perdido todo lo que he ganado en mi carrera como periodista, y ahora, estoy empezando de nuevo” explica a la organización. Refugiado en Doha (Catar), sigue atormentado por los malos tratos infligidos por el Ejército de Israel durante su detención, que duró un mes, en diciembre de 2023, tras ser  detenido arbitrariamente en su domicilio de Beit Lahya, ciudad situada al norte de la Franja de Gaza. “No importa cuántas veces me diga a mí mismo que estoy a salvo aquí, que tengo la suerte de tener a mi mujer y a mis hijos conmigo, tengo problemas para dormir, trabajar, tomar decisiones…”, confiesa el periodista, cuyo hermano murió en la guerra: “Tengo miedo todo el tiempo”.