Los métodos inhumanos del Ejército y del Shin Bet contra los periodistas de Gaza presos en Israel

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Reporteros Sin Fronteras (RSF) ha recabado los testimonios de cinco periodistas palestinos de Gaza encarcelados en Israel tras el 7 de octubre de 2023, entre ellos el cámara de la productora Ain Media, Alaa al Sarraj; el jefe de la oficina local del periódico Al Araby-Al Jadeed, Diaa al Kahlout; el reportero del canal Palestine Today, Shady Abu Sedo, y el responsable local del diario palestino Al Quds, Emad al Ifranji. Todos ellos denuncian detenciones selectivas, interrogatorios relacionados con su profesión y malos tratos crueles a manos de sus carceleros israelíes. La organización denuncia los repetidos actos inhumanos perpetrados por el Ejército y la agencia de seguridad interior de Israel, el Shin Bet.

La época en la que Shady Abu Sedo hacía reportajes parece hoy pertenecer a otra vida. Sin embargo, el último que hizo se remonta tan solo al 18 de marzo de 2024. Ese día, el cámara de la cadena Palestine Today se encontraba en el hospital Al Shifa de Gaza para entrevistar a víctimas de los bombardeos israelíes, en el marco de la ofensiva lanzada cinco meses antes en respuesta a los ataques del brazo armado de Hamás del 7 de octubre de 2023. Detenido por los soldados tras identificarse como periodista, Shady Abu Sedo permaneció recluido, a partir de esa fecha, 572 días en la base militar de Sde Teiman, a 30 kilómetros de la Franja de Gaza, en el desierto del Néguev, y posteriormente en las prisiones de Ofer y Ketziot-Al Naqab.

Tras este abismo de un año y medio de tortura y privaciones, de interrogatorios y de violencia, en parte relacionados con su profesión, a sus 36 años sigue marcado por traumas y secuelas físicas que le impiden reincorporarse a su trabajo. “Como dejaste tu cámara en el hospital Al Shifa, te voy a sacar el ojo”, le había anunciado uno de sus verdugos, antes de propinarle una paliza en la cara. Su ojo derecho no ha recuperado la vista. La sarna contraída en prisión sigue afectándole y ahora padece epilepsia, insomnio y anorexia. “Después de haber presenciado las escenas a las que asistí, ya no puedo quedarme en casa entre cuatro paredes, ni mirar al cielo sin sufrir un ataque. Si no tomo sedantes, de repente empiezo a gritar”, explica el reportero superviviente, liberado el 11 de octubre de 2025.

Ninguno de los cinco periodistas entrevistados por RSF (uno de ellos solicitó el anonimato por temor a represalias por parte del ejército israelí) pudo continuar con su actividad profesional tras su detención. Cuando no se trata de graves lesiones físicas y psicológicas infligidas durante su encarcelamiento, la causa son los destrozos provocados por los bombardeos del Ejército israelí. Tras su liberación, Shady Abu Sedo no recuperó su casa, alcanzada por la aviación israelí.

“He perdido mi casa, mi coche y todo mi material de trabajo, por un valor de más de 50 000 dólares [unos 43 000 euros]”, explica, por su parte, Alaa al Sarraj, detenido durante 692 días, desde el 16 de noviembre de 2023 hasta el 11 de octubre de 2025. “Pero puedo empezar de cero”, prosigue este periodista de 35 años, empleado de la productora Ain Media, cuyos archivos han sido destruidos en su totalidad y dos de cuyos periodistas han sido asesinados por el Ejército israelí, mientras que otro se encuentra encarcelado y dos están desaparecidos desde el 7 de octubre de 2023.

Tarjeta de prensa en mano

Al igual que Shady Abu Sedo, los otros cuatro reporteros entrevistados por RSF afirman haber indicado explícitamente al Ejército israelí que eran periodistas —cuya labor debe protegerse en zona de guerra según el derecho internacional— en el momento de su detención en la Franja de Gaza. En el caso de Alaa al Sarraj, fue en el checkpoint de Netzarim, instalado por el Ejército israelí en la carretera de Salah al Din para controlar a la población en el centro del territorio sitiado, el 16 de noviembre de 2023. “Me interrogaron allí mismo, declaré que era periodista y fue por ese motivo por el que me detuvieron”, explica.

Al mes siguiente, Diaa al Kahlout, entonces director de la delegación en Gaza del diario internacional con sede en Qatar Al Araby-Al Adeed (The New Arab en inglés), llegó incluso a mostrar su carné de prensa mientras indicaba su profesión en repetidas ocasiones a los soldados israelíes que lo interpelaban violentamente, el 7 de diciembre de 2023 en Beit Lahya, al norte de la Franja. “Da igual”, respondió uno de ellos, antes de colocar al periodista en un grupo de varios cientos de hombres cautivos, desnudos y atados, tal y como lo atestigua un vídeo grabado por un soldado israelí.

A lo largo de esta detención y de su posterior traslado, el reportero, que entonces tenía 37 años, fue golpeado e interrogado por los militares que lo escoltaban, así como por un oficial que afirmaba pertenecer al Shin Bet, la agencia de inteligencia interior de Israel. Le preguntaron sobre sus artículos, sus supuestos vínculos con miembros de Hamás o incluso sobre el propietario de su medio de comunicación. Mientras intentaba explicarse, un soldado le amordazó con cinta adhesiva. “Perdí toda esperanza en ese instante”, recuerda, el último antes de ser “arrojado a un camión” y conducido a la fuerza a territorio israelí.

“Te conozco, eres periodista”

Emad al Ifranji no necesita presentarse. Cuando fue detenido en la noche del 18 de marzo de 2024 en el hospital Al Shifa, donde se encontraba para tener  electricidad y conexión a Internet y poder trabajar, el director del diario palestino Al Quds en Gaza, de 57 años, fue identificado inmediatamente por el soldado israelí que lo detuvo. “Te conozco, eres un periodista veterano”, le dijo el soldado, según el testimonio de Emad al Ifranji. “Le respondí que era cierto, me arrastró brutalmente fuera del edificio de consultas externas, y ahí fue donde comenzó el viaje”, relata.

De Sde Teiman a Ofer, Ketziot y Nafah

Este descenso al infierno carcelario israelí comienza en el interior de los barracones del campo de detención de Sde Teiman. “A partir de ahí, pierdes tu nombre para convertirte en un número”, relata Emad al Ifranji, quien, al igual que Shady Abu Sedo, permaneció detenido 572 días. Los cinco periodistas entrevistados por RSF fueron encarcelados en primer lugar en esta base militar del sur de Israel, denunciado por organizaciones israelíes e internacionales de defensa de los derechos humanos como un campo de tortura.

A merced de sus carceleros, los periodistas testifican haber sufrido violencia, humillaciones y privaciones. Sus relatos comparten el terror ante las palizas aleatorias mientras permanecen constantemente con los ojos vendados. Las fracturas resultantes se dejan sistemáticamente sin tratar, lo que provoca complicaciones dolorosas y a menudo irreversibles. La cantidad de comida y las horas de sueño permitidas apenas los mantienen con vida para recibir los golpes y los insultos de soldados que se ríen. Algunos han sido testigos del asesinato de compañeros de prisión o de la violación de otro por un perro.

A la reclusión en Sde Teiman le siguen, en el caso de cuatro de los periodistas entrevistados, la cárcel de Ofer, cerca de Ramala, en la Cisjordania ocupada, donde se ha establecido una unidad militar para los presos de Gaza, y la de Ketziot-Al Naqab, cerca del Sinaí egipcio, precedida, en el caso de Alaa al Sarraj, por la de Nafha, al sur del Néguev. Las violaciones y los malos tratos contra los detenidos siguieron siendo la norma. Solo Diaa al Kahlout fue liberado tras 33 días de violencia y tratos crueles e inhumanos sufridos en la base militar israelí.

Los interrogatorios de Aman y del Shin Bet

Quienes han salido de Sde Teiman hablan de una máquina para “someter a los hombres”, recuerda uno de los cinco periodistas supervivientes. Como engranaje esencial de esta maquinaria de tortura, los crueles interrogatorios que allí se practican convierten a los periodistas en objetivos específicos. Así, Shady Abu Sedo, antes de ser conducido ante el oficial que se ensañó con su ojo derecho, permaneció atado durante horas en “la nevera”, una celda de dos metros por uno equipada con un aire acondicionado “que te hiela los huesos“. A continuación, fue interrogado por un oficial de Aman, la agencia de inteligencia militar, específicamente sobre su trabajo: ¿había filmado en el norte de la Franja de Gaza? ¿Se encontraba allí realizando una cobertura el 7 de octubre de 2023? ¿Conoce a periodistas que hayan cubierto los ataques de los combatientes de Hamás? “He matado a todos los periodistas, y he traído aquí a los que no he podido matar”, zanja el hombre que le interroga, según evoca Shady Abu Sedo, encerrado durante los días siguientes en la “discoteca”, un edificio de Sde Teiman diseñado para forzar a los prisioneros a la extenuación mediante potentes altavoces que emitían música de forma ininterrumpida. Otro periodista entrevistado por RSF también fue sometido a esta tortura.

Si bien casi todos los detenidos de Sde Teiman sufrieron este tipo de interrogatorios, sobre todo para ser interrogados sobre la suerte de los rehenes israelíes, los reporteros eran sometidos a “preguntas técnicas que se centran en el trabajo periodístico en la Franja de Gaza”, subraya Alaa al Sarraj. De hecho, a él se le interrogó sobre su trayectoria académica y su red profesional: médicos del hospital Al Shifa, políticos, organizaciones políticas, o sus colegas de Gaza. “También me hicieron preguntas que se podrían calificar de estratégicas”, añade. En sus puestos de responsabilidad en sus respectivos medios, Emad al Ifranji y Diaa al Kahlout fueron sometidos, a manos de Aman y del Shin Bet, a cuatro de estos interrogatorios extremadamente violentos, lo que denota una atención especial prestada a los periodistas con el fin de intentar recabar información considerada táctica por las autoridades israelíes en el marco del conflicto. En marzo de 2024, durante las primeras semanas de su encarcelamiento en Sde Teiman, Emad al Ifranji fue interrogado, en dos sesiones separadas por unos diez días, sobre una entrevista que había realizado trece años antes al líder de Hamás en la Franja de Gaza, Yahya Sinouar, entonces buscado por el Ejército israelí, que lo considera el organizador de los ataques del 7 de octubre de 2023 y acabó matándolo por ello el 16 de octubre de 2024.

“Combatientes ilegales” para la justicia israelí

Los jueces del tribunal de Beer-Sheva han dado un barniz legal a estas prolongadas encarceladiones de civiles identificados como periodistas por los servicios de inteligencia israelíes. Durante audiencias sumarias celebradas por videoconferencia o por teléfono y sin asistencia letrada, el tribunal del distrito sur de Israel —competente en virtud de una ley de 2002 sobre “combatientes ilegales”, revisada tras el 7 de octubre de 2023 y aplicable a los miles de cautivos de Gaza— aprobó en repetidas ocasiones la prolongación de su detención por tiempo indefinido. “Se presume que, si un detenido se ajusta a la definición de periodista, este hecho se pone en conocimiento del tribunal; sin embargo, no disponemos de ninguna información concreta al respecto”, asegura el Ministerio de Justicia israelí.

Al igual que su aplicación contra los periodistas, esta ley, basada en un término “difuso y, por lo tanto, susceptible de abuso e incompatible con el principio de legalidad», según un informe de la ONU de 2007, permite “justificar el encarcelamiento de esos miles de detenidos de Gaza y su mantenimiento en prisión durante períodos indefinidos sobre la base de información secreta”, contextualiza una abogada especialista en el sistema penitenciario israelí para los palestinos.

Cuatro soldados apuntaban con sus armas a Emad al Ifranji, con los punteros láser dirigidos a su rostro, durante su primera vista judicial. Algo de lo que el Ministerio de Justicia afirma no tener “ningún conocimiento”. Aunque la sesión duró menos de cinco minutos, Emad al Ifranji logró recordar al tribunal que está “protegido en virtud del derecho internacional y del Cuarto Convenio de Ginebra” . “¿Cómo puedo ser un combatiente ilegal? Soy periodista”, se defendió, por su parte, Shady Abu Sedo ante un magistrado de Beer-Sheva a través de una cámara web. La respuesta fue tajante: “Usted pertenece a la prensa palestina terrorista”.

Unos días antes de su liberación, estos periodistas fueron citados por los servicios de inteligencia militar israelíes, cuyo procedimiento habitual consiste en someter a los detenidos a una última prueba de intimidación. Algunos de ellos testifican que se les advirtió expresamente que no volvieran a ejercer su profesión.

Los hechos relatados son abrumadores para las autoridades israelíes: ya se trate del Ejército, del Shin Bet o de la justicia. Estos periodistas fueron detenidos a sabiendas de su profesión y, en algunos casos, precisamente por ella. Su labor periodística ha justificado interrogatorios que rayan en la tortura durante una detención arbitraria legalizada por los jueces. Estos actos repetidos ponen de manifiesto una persecución sistemática de los periodistas en Palestina con el objetivo de impedir la cobertura mediática de las violaciones del derecho cometidas por el Estado israelí. RSF sigue exigiendo la liberación inmediata de todos los periodistas palestinos detenidos arbitrariamente por Israel.

Martin Roux. Responsable del Área de Crisis de RSF.

Contactado por RSF en relación con los testimonios de los cinco periodistas encarcelados, el Ejército israelí niega “atacar intencionadamente a los periodistas” y, a pesar de la acumulación de pruebas abrumadoras, “rechaza las acusaciones relativas a los malos tratos sistemáticos infligidos a los detenidos, en particular a los periodistas”. El Shin Bet no ha respondido a las preguntas de Reporteros Sin Fronteras.

Según datos de RSF, 19 periodistas palestinos siguen detenidos arbitrariamente por las autoridades israelíes. Dos de ellos fueron, al igual que los testigos citados en este artículo, capturados en la Franja de Gaza después del 7 de octubre de 2023: Hani Issa, redactor jefe de Quds Net, y Amjad Arafat, reportero de la productora Ain Media. Figura destacada del periodismo en Palestina, el reportero Ali Samoudi, basado en Jenín, al norte de la Cisjordania ocupada, fue puesto en libertad el 30 de abril de 2026 tras un año de encarcelamiento injusto. El día de su liberación declaró haber perdido cerca de 60 kilos durante su cautiverio, y denunció los malos tratos infligidos por las autoridades israelíes.